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Texto de Julio Sanchez
Catalogo del Premio Costanini

¿ que nos muestra esta pintura? un señor que toca el piano, otro con cola de zorro, dos que bailan una Sardana. En todas las escenas de las obras de Víctor Florido hay personas, animales y maquinas que hacenalgo. En sus pinturas hay sujeto y predicado; hay una narración, pero con una coherencia que se elude. En las miniaturas medievales de los beatos españoles, los fondos divididos en bandas de distintos colores planos recalcaban la irrealidad del espacio pictórico, porque la realidad que allí se representaba estaba fuera de las coordenadas de la comprensión humana. Se pintaban escenas que el hombre apenas alcanzaba a entender. De forma análoga Florido usa el lenguaje de la pintura para contar e impugnar a la vez su propia narración, que es cita de otras narraciones. Muestra elementos reconocibles, pero con una articulación de sentido ausente. Casi como un cuestionamiento gnoseologico, como si preguntara ¿ se puede aprehender esto que plantea esta pintura ? Se pueden diferenciar personas y situaciones pero ¿ existe una lógica interna que los une ? Quizá el mundo funcione como las pinturas de Florido, podemos reconocer sus ingredientes, pero se nos escapa la totalidad del sentido.

Julio Sánchez



el chico de los burros pide consejo a un primo tal vez casado

... es probable que los oiga acercarse. Cuando vuelven de noche, moderan el paso por no despertarme, pero algún rebuzno se escapa... Ya decidí que cuando lleguen voy a empezar a contarte desde cualquier punto lo que pasó en una fiesta en la que estuve de chico, innecesariamente tal vez, porque nada impide que en esa oportunidad hayas sido vos el primo mayor que se casaba (para mí todos podían cumplir la función, bastaba con que se prestasen la corbata).

... si cambio de tema, no es por ocultarles algo, sino porque prefiero no entristecerlos con mis preocupaciones...

... lo que quiero es que me des tu opinión de pariente viejo, con algo de mí pero distinto, podría haber llamado a otro, es cierto, ya que todos miran igual, un rato comprensivos y otro rato implacables. Pero acá estamos, ubicáte en donde puedas ver y que no te descubran hasta que estén adentro, después saludás y te vas como si nada...

... últimamente, a mis burros, yo los veo cambiados, como si se pasasen el día mirándose entre ellos, viendo que uno tiene cortas las orejas, que el otro lleva crines, y después vuelven y me ven a mí... Los hago entrar, les apelmazo el lomo, los lavo como siempre, pero les hablo menos, porque ahora me doy cuenta de que se fijan en todo, que de todo opinan y yo sólo quisiera decirles cosas que les gusten, con las que estén de acuerdo...

... ahí llegan, prestá atención y después me decís si estoy equivocado...

... me acabo de acordar que en esa fiesta éramos cuatro. Por supuesto también eran cuatro los árboles, ya que no hubiese sido prudente que un invitado quedase del todo abandonado a la intemperie. Me dirás que estaba aquella casa, pero para qué engañarnos si era evidente que no había nada más, ni adentro, ni atrás, ni al costado de esa casa. Sólo estaba para que pareciera que veníamos de algún lado, que en cualquier momento podían llegar otros y que, si no llegaban nunca, era pura contingencia...

...te acordarás que tampoco esa vez, ninguno sabía cómo hacer y peor ella. Su árbol, ni siendo el más grande, le bastaba para esconder el desconcierto y se había traído sus otras posibilidades envueltas en el vestido... Es que el papel de invitado de boda puede repetirse, pero novia, rara vez se es novia...

Claudia Prado, escritora
Buenos Aires

 
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